Los domingos a la tarde tienen ese no
sé qué que oprime el aliento hasta secarlo.
Desde mi ventana recibo la distorsión
del mundo a través de los cristales empañados. Una humedad fría y densa del
otro lado ha teñido todo de gris.
Veo pasar gente anestesiada. Van de
regreso a casa luego de haber gastado un tiempo mezquinado en la semana. Llevan
a sus hijos a la rastra. Cargan grandes bolsos con cosas que nunca necesitaron.
En la esquina ya se ha encendido el
único farol que pretende iluminar nuestras travesías nocturnas.
Debajo del círculo de luz, sentado en
el umbral de una antigua carbonería, veo
un hombre que a la distancia prejuzgo diferente. No sé si llegó o estaba allí. Lee
y escribe algo que no logro precisar. A su lado, tumbado, un perro negro
atestigua su existencia.
Todo a su alrededor es gris: el piso
que lo descansa, un bolso flaco y harapiento, sus cabellos, sus ropas, sus
manos. El papel en el que escribe también devuelve un gris que me llega desesperanzado
y opaco. De tanto en tanto levanta sus ojos hacia un infinito propio. Recoge del
aire palabras para hilvanarlas con una
tinta oscura.
Algunos pocos atraviesan al círculo
de luz para esfumarse nuevamente del otro lado de la escena sin reparar ni perturbar
al hombre que escribe.
El hambre lo distrae y toma del bolso
un pequeño envoltorio del que saca algo para llevarse a la boca. Mientras
mastica va quitando las migas que caen sobre las hojas escritas.
El perro se sintió convidado al
festín y juntos disfrutan el banquete.
Me distrajo una llovizna leve entre
las sombras ya profundas y espesas.
Al volver mi cabeza hacia la escena,
ya no distingo al mágico escritor, si es que alguna vez estuvo allí. Solo veo
mi propio reflejo en la ventana.
De este lado del vidrio, húmedo y
helado, parado y absorto, acaricio a mi perro negro, recojo las migas que hemos
hecho, tomo los grises papeles escritos y releo unas palabras que encuentro misteriosas
y ajenas.
Afuera la noche terminó de vestirse
para dar paso al libre andar de las angustias.
Copyright © Laura de la
Peña
(todos los derechos
reservados)

Angustiosamente muy bien escrito, como siempre Laura!!
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