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domingo, 2 de febrero de 2014

LA LEYENDA DE LA VIEJA DE MI CUADRA

Un relato para niños, ¿o no?


foto http://www.flickr.com/photos/psiconautics/2614817930/

Los niños, en sus travesuras, no miden las consecuencias. La inocencia los anima.
Aquella mañana no fue la excepción.
Doña Emma, la torcida y envejecida mujer de la casona antigua, asomó su hocico por la ventanilla de la derruida puerta para espantarlos al menos un rato. Ni un tranco retrocedieron. Y eso la enojó aún más.
Con mucha torpeza logró abrir una de las hojas del antiguo portón de hierro y exhibió su maltratada figura, la que no permitía imaginar ningún pasado venturoso.
De una fealdad muy agresiva la pobre vieja gozaba de una singular y potente voz de pito. A cada grito suyo el piberío golpeaba aún más fuerte las rejas de la entrada con palos y adoquines. Y no faltó el atrevido que arrojó la primera piedra con una excelente puntería.
Doña Emma, en el afán de proteger los pliegues de su cara, soltó sus manos que como garras se asían de la puerta y de un solo movimiento dio con su abollado trasero sobre las macetas de unos espantosos cactus que siempre afearon su jardín. Los chicos, ahora algo asustados, comenzaron a correr desordenadamente hacia sus casas.
La pobre ahí quedó tendida. Con sus patas al aire dejaba entrever sus descocidas y agujereadas medias negras. Su falda también negra, levantada por la caída, le cubría su rostro. Su voz se oyó amortiguada por las telas que se enredaron en las verrugas de sus labios.
Cuando ya no la oyeron más, el último de los chiquillos, tal vez avergonzado, detuvo su carrera y volvió al sitio de los hechos, entre tímido y miedoso. Saltó la verja y lentamente se acercó a la pobre mujer. Ella ya no se movía. La pollera aun le cubría la cara.
La tocó temeroso con un palo y la ponzoñosa vieja largó tal alarido que solo con el fétido aliento lo arrojó más de 10 metros.
Nadie volvió por varias horas. Nadie supo si la anciana pudo levantarse sola y si entró  a su casa. Nadie nunca más la vio.
Los niños, por las dudas, dan largas vueltas para no pasar por su vereda.

Copyright © 2014 Laura de la Peña
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